martes, 21 de junio de 2016

El eclipse de Constantinopla: Las ultimas nociones de orgullo cristiano y bizantino ante la toma de la Constantinopla.


Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, Colegio de Historia. Alumno: Ocampo Santiago Miguel Ángel, Historia del Imperio Bizantino.
Tema: Caída de Constantinopla.
El eclipse de Constantinopla: Las ultimas nociones de orgullo cristiano y bizantino ante la toma de  Constantinopla. ¿Qué nociones tuvieron los cristianos (bizantinos y occidentales) de temor y odio, durante la caída de Constantinopla?
La caída de Constantinopla, es un tema muy significativo ya que aún se conservan en la cultura general el recuerdo de este acontecimiento. Este tema ha sido muy estudiado, porque muchos autores agregan o reinterpretan este hecho histórico; algunos lo colocan como la ruptura de la Edad Media, aunque esta idea varía mucho con los enfoques de cada autor. Otros pueden considerar que, gracias a este acontecimiento, el dominio marítimo del Imperio Otomano dio lugar a que se abrieran en Europa las expediciones de ultra mar, en busca de nuevas rutas de comercio.
            Sin duda, los turcos otomanos lograron obtener el dominio de muchos territorios que pertenecían anteriormente a Bizancio. Tanto impactó su presencia en oriente que el Imperio Bizantino comenzaba a verlos como una amenaza. Fue una competencia de dominar o ser dominado, por parte de ambos imperios. Evidentemente, los otomanos resultaron los conquistadores y ganadores de este encuentro. Con el autor A. Carceller, en su artículo[1] marca que “la caída de Constantinopla simbolizaba, y simboliza, el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna”. Esta idea se ha tenido por el simple hecho de que la guerra fue llevada a cabo de manera distinta, pues las tropas otomanas comenzaban a dar uso de las armas de fuego, cañones y fusiles. Este autor, interpretándolo, establece un poco una noción del temor bizantino, pues el “29 de mayo de 1453, las tropas del sultán otomano Mehmet II conquistaban Constantinopla, mientras la sangre se derramaba y la cristiandad veía amenazada sus cimientos, resurgía el ideal de las Cruzadas”[2], sugiere que hubo una amenaza que desesperaba a los pocos habitantes bizantinos[3].
            En el caso de Sergio Gerardo Chifflet, en otro artículo[4], establece que el Imperio Bizantino “era una pluralidad de pueblos”. Agrega que las invasiones de los turcos selyúcidas[5], les privaron de Asia menor, la zona más rica del imperio. Incluso, el dominio de los comerciantes venecianos y genoveses en las costas hicieron que el imperio fuera perdiendo poder económico poco a poco. Durante el sitio de Constantinopla, las pocas victorias que tuvieron los cristianos aumentó su moral, ofreciendo una mayor resistencia.  Esto mismo podría complementarse con lo que dice Louis Brehier en su obra Vida y muerte de Bizancio[6], considera la resistencia bizantina como un acto heroico, agregando que los otomanos aprovecharon la debilidad de Bizancio, para apoderarse de los territorios sobrantes. 


El ejército bizantino se enfrentaba no solamente a los otomanos, sus peores enemigos, sino que enfrentaba un nuevo mundo, la religión y la tecnología. Parecía que la juventud de los otomanos sustituiría a la antigüedad de la ya no tan Nueva Roma. El imperio se encontraba moribundo, sobreviviendo los días con las pocas esperanzas que se tenían de salir delante de esta crisis.
David Barreras y Cristina Durán, en su obra Breve historia del Imperio Bizantino[9], mencionan que Mehmet hizo las paces con sus adversarios, para dedicarse a la conquista de Constantinopla, su máxima ambición. “Al sultán le convenía mantener en calma todas sus fronteras mientras planeaba la gran campaña de conquista”[10]. Los bizantinos esperaban la llegada de los turcos, preparaban todas sus defensas. En esta obra, caracteriza que las murallas de Constantinopla eran demasiado antiguas, para oponerse ante el asedio de los cañones turco-otomanos.
Por otra parte, Isaac Asimov, deja en claro, como muchos otros autores, que el sitio de Constantinopla comenzó el 3 de abril de 1453[11]. La ciudad se encontraba en ruinas, con habitantes que alcanzaba las ”30,000 personas, y no más; de éstas, sólo se podía contar con 5,000 para la defensa. Había 3,000 aliados occidentales más”[12]. Además, tiene la noción de que las tropas bizantinas como los occidentales, lucharon con valor, de forma desesperada, entre las murallas, los últimos esfuerzos de los bizantinos. Giovanni Giustiniani fue un hombre que logró elevar la moral de los vigorosos romanos.
            La toma de Constantinopla fue una gran guerra, y una lucha por la resistencia de los bizantinos. Aquí podemos ver dos religiones, dos imperios[13], y dos Edades que luchan por supremacía o por supervivencia. Los ya conocidos herederos de Roma chocaban mucho con los otomanos, los consideraban unos bárbaros, seres inferiores que siguen una religión falsa y maligna. Estas nociones de orgullo cristiano y de ser romanos permanecieron desde la fundación de la ciudad romana.
Con Miguel Ducas, abordaremos este trabajo. Fue un intelectual de origen bizantino, que entabló cierta relación con los genoveses después de la caída del Imperio. Fue testigo de los hechos y en su obra Historia turco-bizantina[15], aclara algúnas nociones que tenía sobre los turcos, los latinos y bizantinos. Miguel Ducas, en su obra deja muchos aspectos interesantes. Pero resalta más su forma narrativa y efectiva, logra que se lea todo muy amenamente. En él se encontraron muchas nociones de temor y orgullo, siendo estos actos simbólicos que notamos en los bizantinos[16]. Visto el temor desde la perspectiva de Ducas, también se verá un poco la noción de odio, pues éstas dos deben ir acompañadas para que se dote un sentido más significativo. La tercera noción a tratar será la de orgullo.
            Comenzando con el odio-temor, habrá tres aspectos que resaltar: el primero el odio hacia los otomanos. Cómo Ducas los consideraba semejantes a seres malignos y como unos bárbaros. Segundo aspecto, cómo se refería a la figura de Mehmet II, tachándolo de un ser demoniaco que solo buscaba saciar sus pecados, desafiando la Iglesia.
Del temor...
El odio hacia los turcos refleja mucho más que un mero desprecio, también delata un temor que se tiene sobre esta incómoda presencia de musulmanes, los enemigos del cristianismo y de la ortodoxia. Aunque hubiese existido una convivencia previa en el Imperio, a través de conquistas o por el comercio, aún se les consideraba a estos turcos unos barbaros y herejes, que amenazaban  la sociedad y Bizancio. Miguel Ducas hace notar este temor en la gente:
En cuanto a los turcos, animados por el éxito, comenzaron a proferir grandes gritos todos ellos, tanto los que estaban en los barcos como los que se encontraban en el campamento; tal era su griterío, que llegaba hasta el cielo. Podría decirse que aquella región de la tierra había sido sacudida por un terremoto; los habitantes de la Ciudad y los de la Gálata, aterrorizados, gemían.[17]
Así mismo, el acercamiento de los turcos tensaba mucho más esto, los bizantinos veían más cerca su desgracia, de hecho “Todo aquel que oía ‘Contra la Ciudad’ se echaba a correr […]. Los habitantes de la Ciudad pedían a Dios que el asalto les produjera en Semana Santa, porque habían oído que el tirano se aproximaba ya en su carro”[18]. Este temor hacia los turcos generaba caos entre la multitud. Incluso los mismos soldados defensores temían un poco de estos bárbaros. Los turcos otomanos, aspiraban a la toma de Constantinopla, y no por ser un lugar de mucha riqueza en ese entonces, sino por su posición geográfica, era eficaz para el dominio Mediterráneo y del mar Egeo. Además, propiciaba el simbolismo en la misma ciudad:
El tirano respondió: ‘No puedo abandonar. O tomo la Ciudad o la Ciudad me toma a mí, vivo o muerto. Si quieres salir de ahí en paz, te doy el Peloponeso y a tus hermanos otras provincias y firmamos la amistad. Pero si no me permites una entrada pacífica y entro a la Ciudad a la fuerza, a todos tus principales los pasaré a cuchillo y entregaré a tu pueblo en su totalidad a mis soldados para que lo sometan. Yo me conformo con la Ciudad, incluso convertida en un desierto’[19]
Los turcos, al utilizar sus armas más letales contra los antiguos muros de Constantinopla, el ejército de Mehmet “comenzó a bombardear las murallas, utilizando balas de piedra que pesaban 1200 libras”[20]. El estruendoso estallido que habría de soportarse, para los bizantinos y algunos de los occidentales escuchar un cañón así de potente implicaba mucho poder y generaba temor a los que presenciaban su fuerza. Además, incluir que “durante dos noches los ejércitos turcos trabajaron a la luz de las antorchas para rellenar el foso, acompañados del estridente sonido de trompetas y flautas”[21]. Los sonidos de los tambores y trompetas turcas imponían temor a los extrañados y sorprendidos oídos de los habitantes de la Ciudad.
La presencia de los turcos sin duda fue un factor que ocasionó que fueran la mayor amenaza de Constantinopla, “Oprimidos por la angustia y el miedo, hablando unos con otros, decían: ‘Éste es el que va a entrar a la Ciudad, y la destruirá, y apresará a los que están en ella, y pisoteará los objetos sagrados, y demolerá los sagrados templos, y arrojará a las plazas y encrucijadas las reliquias de los santos y mártires.[22]
 Si esto sucedió con solo un ejército, con grupos atacantes que no lograron penetrar la muralla, ahora hay que imaginar la presencia de su líder. ¿Cómo vio Miguel Ducas a Mehmet II? En su obra refleja o lo dota de una personalidad muy imponente y respetable[23], no lo subestima, pero tampoco da a conocer una simpatía absoluta a lo largo de su obra.
Se presentó como un águila de veloces alas un mensajero que le entregó en mano una carta […] al abrirla y leerla, pudo saber que su padre había muerto […] le pedían que tras leer la carta, no retrasara su partida y que, si era posible, cabalgara sobre caballo alado Pegaso y llegara a Tracia. […] Mehmet así lo hizo y en ese mismo momento montó en uno de sus caballos más veloces sin decir otra cosa a sus nobles que “quien me ame, que me siga”. Cabalgó a toda prisa precedido de su guardia de arqueros, la más rápida, experta, unos auténticos gigantes de infantería.[24]
Ducas no da a conocer un temor hacia el sultán Mehmet, pero sí lo cataloga como un tirano o como un diablo que es ambicioso, hace lo que sea por tomar la Ciudad:
El tirano mandó construir un puente de madera desde los alrededores de Gálata hasta Cinigo. Su construcción fue como sigue: ordenó recoger más de mil toneles de vino y atarlos a lo largo con cuerdas, haciendo luego una segunda fila igual a la primera. Ató y adaptó después las dos hileras y, tras unirlas clavando vigas sobre ellas y por ambos lados, las cubrió de tablas. De esta forma el puente resultó lo suficientemente ancho como para que pudieran atravesarlo sin dificultas cinco soldados de infantería en formación.
Su obra está centrada a cómo se cruzan y se relacionan los bizantinos con los turcos, sea en ámbitos políticos o militares. Explica esta transición del Imperio Romano al Imperio Otomano. Pero sí lamenta el día en que un enemigo logró entrar a la Ciudad, pues su orgullo fue pisoteado por invasores que solo llevan consigo el mal, trayendo a la casa de Dios el Islam, una herejía imperdonable:
¡Ay, qué desgracia, qué espantosa señal! ¡Ay de nosotros! ¡Qué hemos tenido que ver! Un Turco en el ara sagrada, erigida sobre las reliquias de Apóstoles y de Mártires! ¡Un infiel! […] Nuestra religión ha sido considerada en nada por los pueblos. Y por nuestros pecados el templo erigido en nombre de la Sabiduría de Dios y santuario de la Santísima Trinidad, el templo que era llamado la Gran Iglesia y la Nueva Sión, hoy es un altar de bárbaros y ha sido llamada la casa de Mahoma. ¡Justo es, Señor, tu juicio![25]
La conquista de Constantinopla es un reflejo de la divina providencia, pero igual es un castigo que Dios les impone a los bizantinos por sus pecados, esta es una explicación que ofrece Ducas para justificar cómo fue decayendo el Imperio. Sin duda esto refleja mucho su fe cristiana como su orgullo de pertenecer a esta religión y al ya nostálgico Imperio Bizantino. El orgullo de ser romano es una actitud bizantina sobre todo[26], y se refleja mucho en los últimos días de Constantinopla, tanto así que en su resistencia es una de las cosas que los mantenía en pie de lucha.
El orgullo: moral y la caída de Constantinopla.
Con los bizantinos y los occidentales que prevalecían en el territorio griego, existían dos tipos de orgullo, el orgullo de ser romano[27] y el orgullo religioso, ese orgullo cristiano, que tanto griegos como latinos, compartían, aunque hayan sido ortodoxos o católicos.  Este segundo aspecto es el que se va a destacar por ahora, pues lo considero algo importante y porque generó una alianza[28] con dos potencias que parecía que sus disputas siempre se reflejarían en acabarse uno al otro, es decir, que la invasión de Constantinopla originó que Venecia y Génova -por proteger sus dominios en oriente y porque sus intereses se veían reflejados con los bizantinos- se unieron para ayudar a proteger el Imperio Bizantino.
Pero como todo gran imperio, siempre hay vertientes que hacen que la acción de algunos la consideren incorrectamente, por lo visto en la religión se puede ejemplificar claramente. Cosntantino XI, proclamó el fin del cisma con la Iglesia romana católica. Puede considerarse un acto diplomático, con intención de poder conseguir ayuda de occidente. Pero el orgullo griego generaba entre la multitud una inconformidad; el desprecio hacia los latinos ya se había dado siglos ante, pero ahora someterse ante ellos era de las peores cosas que le podrían suceder al Imperio Bizantino.
En cuanto a los habitantes de la Ciudad, desde el día en el que, al parecer, se produjo la Unión de las Iglesias, éstos evitaron el templo como si se tratara de una sinagoga judía y en él no había oficios divinos, ni ofrendas, ni inciensos. Si por casualidad algún sacerdote oficiaba en día señalado, cuantos oraban permanecían en el interior hasta las ofrendas para inmediatamente después salir todos afuera, tanto hombres como mujeres, monjes y monjas. ¿Qué puede decirse? ¡Todos ellos creían que el templo era altar pagano y la ceremonia un sacrificio ritual en honor a Apolo![29]
Pero para que prevaleciera el orgullo debían tener los defensores de Constantinopla un poco de esperanza y moral que prevaleciera hasta el fin de la guerra. Estos dos aspectos si se reflejaron durante la lucha contra los otomanos. Gracias a este orgullo cristiano, las alianzas y las pocas ayudas que recibieron de Occidente funcionaron bien, de hecho, esto fue un acto moralizante para las tropas aliadas bizantinas que defendían la Ciudad, por tierra en la muralla o por mar, en el Cuerno de Oro. Esto por lo menos influyó en las pocas victorias que tuvieron los bizantinos (con ayuda de venecianos y genoveses) a que las fuerzas prevalecieran y que la fe en Dios se mantuviera, incluso generar una posible salvación del Imperio.
Además, la aparición de un caudillo que refleja y gana la confianza de Constantino XI, también influye y genera esperanzas para seguir luchando, su nombre Giovanni Giustiniani. Miguel Ducas lo destaca mucho por su labor valiente en defensa de la muralla:
Giovanni Giustiniani luchaba con valentía al lado de los suyos y por la guardia del palacio, con ayuda de una fuerza no pequeña de hombres armados de Gálata. Éstos, ciertamente, le demostraban así su amor; sus salidas al campamento turco las hacían sin temor para suministrarle al tirano aquellos bienes que él apreciaba, aceite para sus máquinas y cualquier otra cosa que pidieran los Turcos. Por otra parte, al anochecer se iban a escondidas con los Romanos y pasaban todo el día luchando a su lado. A la noche siguiente, intercambiándose, unos ocuparían sus posiciones, otros se quedarían en la Ciudad, otros regresarían a sus casas y otros volverían al campamento turco para burlar la vigilancia de los Turcos.[30]
La defensa a Constantinopla que reflejó la acción de Giustiniani, hizo que los cristianos tomaran las armas y lucharan con más eficacia. La moral de los cristianos aumentó tanto que incluso en las guerras navales lograron salir victoriosos, por factores como la calidad de los barcos, la mayor disciplina de los marineros en guerra, el uso del fuego griego, además que los turcos no tenían muy buenas naves, y su armamento marino no hacía competencia a la de los cristianos.    
            Por desgracia las resistencias no siempre perduran por mucho tiempo. En el momento en que Giovanni Giustiniani es herido, los cristianos desmoralizan sus acciones y entran en crisis de nuevo:
Dios arrebató del centro de la línea de combate de los Romanos a su general, hombre con porte de gigante[31], poderoso y aguerrido. Fue herido por una bala de plomo en el brazo, detrás del hombro, cuando aún estaba oscuro; la bala había perforado la armadura, fabricada como las armas de Aquiles, y la herida no dejaba de dolerle[32].
Sí ya se había mencionado que el emperador confiaba en él, la moral de Constantino XI también se vio afectada, “el emperador, al ver que Giovanni se retiraba, sintió miedo, y con él los que a su lado estaban. Sin embargo, seguía resistiendo con todas sus fuerzas”[33]. Así, el orgullo cristiano, aunque ya menos fuerte seguía permaneciendo en la lucha.   
Cuando los turcos penetraron las murallas gracias a su poderoso asedio, los bizantinos y los occidentales percibían que todo había terminado. Sin embargo, Constantino XI, junto con su orgullo romano y cristiano, salió a la guerra, dejando su último aliento afuera de su escondite.
            Es sorprendente, hasta qué punto un ser humano llega a defender algo que quiere, o que se sienta identificado, con tal de que prevalezca su superioridad, su orgullo. La invasión otomana fue algo que parecía imposible de controlar, generó temor entre los habitantes bizantinos, incluso en los viajeros y migrantes que se encontraban en la Ciudad ese día, se formó un orgullo griego, por pertenecer a Constantinopla, un orgullo romano por sentirse herederos de Roma, un orgullo cristiano, dejando de lado la soberbia de las Iglesias[34].por ver que ellos tenían un enemigo común. Constantinopla fue un claro ejemplo de una ciudad antigua, que logró permanecer con vida incluso en los últimos días, motivándose unos con otros, con algunas victorias que frustraban a los otomanos, fue una derrota, trágica, triste, conscientes de su destino, pero aun así con la esperanza de un milagro, la lucha continuó, fue una derrota bien ganada.

Bibliografía
A. Carceller La caída de Constantinopla, [en línea] artículo electrónico, 9 julio de 2012 [consultado el 20 mayo de 2016], disponible en: http://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/la-caida-de-constantinopla/
-Asimov, Isaac, Constantinopla. El imperio olvidado, 2ª ed., trad. Javier Alfaya y Barbara McShean, Madrid, Alianza, 1983.
-Barreras David y Cristina Durán, Breve historia de Bizancio, Madrid, Nowtilus, 253 pp.
-Brehier, Louis, Vida y muerte en Bizancio, trad. José Almoina, México, Hispanoamericana, 1956,
 Chifflet, Sergio Gerardo, La Caída del Imperio Romano de Oriente, [en línea] artículo electrónico, 29 de mayo de 2015 [consultado el 21 de mayo de 2016]
Ducas, Miguel, Historia turco-bizantina, ed. y trad. de Francisco Javier Ortolá y Fernando Alchonchel Pérez, Madrid, Antonio Machado, 2006, 322 pp.
-George Maier, Franz, Bizancio, Barcelona, Siglo XXI editores, 1986, 297 pp.
-Goodwin, Jason, Los señores del horizonte, Una historia del Imperio Otomano, Madrid, Alianza, 2006, 462 pp.
-Gerard, Walter, La ruina de Bizancio, 1204- 1453, Madrid, Grijalbo, 1963, 342 pp.
Herrin, Judith The fall of the Constantinople (La caída de Constantinopla) [en línea] artículo electrónico, 6 de julio de 2003, [consultado el 21 de mayo de 2016]
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[1] La caída de Constantinopla, [en línea] artículo electrónico, 9 julio de 2012 [consultado el 20 mayo de 2016], disponible en: http://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/la-caida-de-constantinopla/
[2]Ibid.
[3] Ibid .,“Constantinopla había perdido el 40 % de su ya menguada población […] menos de siete mil hombres para defender unos 22 kilómetros de murallas
[4] Sergio Gerardo Chifflet, La Caída del Imperio Romano de Oriente, [en línea] artículo electrónico, 29 de mayo de 2015 [consultado el 21 de mayo de 2016]
[5] Seleucidas, seldjyúsidas. Varía mucho la escritura de este concepto.
[6] Louis Brehier, Vida y muerte de Bizancio.
[9] David Barreras, Cristina Durán, Breve historia de Bizancio, Madrid, Nowtilus, 253 pp.
[10] Ibid., p. 196
[11] Franz George Maier, en Bizancio, México, Siglo XXI editores, 1986, p422 pp. Dice que el asedio comenzó el 7 de abril de 1453, claramente no hay un dato concreto para decir el día exacto, pues varían las fechas y las versiones de sus respectivas investigaciones. Cfr., p. 379.
[12] Isaac Asimov, Constantinopla: el imperio olvidado, Alianza, México, 1983, p.270.
[13] Por lo menos los bizantinos conservaban ese título.
[15] Miguel Ducas, Historia turco-bizantina, ed. y trad. de Francisco Javier Ortolá y Fernando Alchonchel Pérez, Madrid, Antonio Machado, 2006, 322 pp./ Pude consultar otras fuentes, pero tuve dificultades de leerlas, pues estaban en italiano, francés, previendo no sobre interpretar lo que decían, preferí no citarlas por el momento, mis habilidades sobre el italiano y el francés son bastante vagas como para poder entablar una interpretación y traducción decente.
[16] Puede que los bizantinos hayan estado conscientes de su orgullo, pero era normal para ellos; ahora esto se puede ver de manera más simbólica, ya que este orgullo puede considerarse uno de los principales factores para su desgracia. El temor pasaría por lo mismo.ignifstado conscientes de su orgullo, pero era normal para ellos; ahora nosotros lo vemos algo signif
[17] Miguel Ducas, XXXVIII, 19.
[18] Ducas, XXXVII, 8.
[19] Ducas, XXXVIII, 18
[20] Asimov, Op. Cit., p.271
[21] Goodwin, Jason, Los señores del horizonte, Una historia del Imperio Otomano, Madrid, Alianza, 2006, p.69.
[22] Ducas, XXXIV, 6
[23] De hecho, es una noción muy ambigua, pues lo considera un demonio, enemigo de todos los bizantinos y de Dios, pero cuando narra sobre este sultán, lo exalta y le otorga dotes de héroe y un hombre capaz. Podría suponerse, como en otras obras de historiografía, que se buscaba exaltar al adversario para reflejar una victoria más grandiosa. Pero en esta época, en estas circunstancias los bizantinos, el rey y Ducas no veían una futura victoria, solo les quedaba la esperanza de que sucediera un milagro.
[24] Ducas, XXXIII, 3.
[25] Ducas, XL, 2.
[26] El Sacro Imperio Romano, refleja también un orgullo, pero no tanto por sentirse romanos por muchas cosas, sino por tener la idea de que son herederos de la civilización.
[27] O por lo menos considerarse en verdad romanos. Considerar a otras civilizaciones inferiores y que permanecen en la barbarie.
[28] Una alianza que no fue tan perfecta.
[29] Ducas, XXXVII, 9.
[30] Ducas, XXXVIII, 16.
[31] Ducas continúa destacándolo a pesar de su sufrimiento.
[32] Ducas XXXIX, 10.
[33] Ducas, Loc. Cit,
[34] Aunque se haya roto el cisma en último momento.
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